Hemos esperado con esperanza y nos hemos preparado con el corazón. Ahora, la Navidad irrumpe con la gloriosa noticia: ¡Dios se ha hecho uno de nosotros! El misterio de la Encarnación es el corazón de nuestra fe: el Verbo eterno, que estaba con Dios y era Dios, se hizo carne y habitó entre nosotros. En el pesebre, contemplamos la inmensidad del amor divino que se revela en la fragilidad de un niño. Es un amor que se abaja para elevarnos. En este tiempo de Navidad, el pesebre es el centro de nuestra mirada, recordándonos el don inefable de Dios: Jesús, el Emmanuel, "Dios con nosotros".
El Niño Jesús, el Verbo encarnado, el centro de nuestra fe.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. (...) Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad."
— Juan 1, 1-5, 14
Contemplar la imagen del Niño Jesús en el pesebre,
¿Qué sentimientos o pensamientos despierta en mí la realidad de que Dios se haya hecho tan pequeño y vulnerable por amor?
"El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros".
¿Cómo experimento la presencia de Dios en mi vida cotidiana, aquí y ahora?
¿De qué manera esta verdad de la Encarnación transforma mi visión de la dignidad humana y del amor de Dios por cada persona?
¿Cómo puedo vivir este misterio de la Encarnación en mi vida, permitiendo que Jesús nazca y crezca en mi corazón y en mis acciones?
Oh, Jesús, Verbo de Dios encarnado, te adoramos en la humildad de tu pesebre. Te damos gracias por el inmenso amor que te llevó a hacerte hombre, a habitar entre nosotros y a redimirnos. Abre nuestros corazones para que podamos acogerte con fe y amor renovados. Que tu nacimiento ilumine nuestras vidas y nos impulse a ser portadores de tu luz y de tu paz en el mundo. Amén..
Dedicaré un momento a contemplar un pesebre o imagen del Niño Jesús, pidiéndole que renueve en mí el asombro y el amor por el misterio de su Encarnación.