El nacimiento de Jesús nos invita no solo a la contemplación, sino a una respuesta activa: la adoración y la acogida. Los Reyes Magos, guiados por una estrella desde tierras lejanas, nos muestran el camino. Ellos no dudaron en dejarlo todo para buscar al Rey recién nacido y, al encontrarlo, se postraron para adorarle, ofreciéndole sus dones. Su viaje simboliza la búsqueda de Dios por parte de toda la humanidad y la alegría de encontrarlo. Esta ficha nos llama a preguntarnos: ¿cómo estoy adorando a Jesús en mi vida? ¿Qué dones, qué parte de mí le estoy ofreciendo? En esta Navidad, al igual que los Magos, estamos invitados a postrarnos ante el Niño Dios y ofrecerle lo mejor de nosotros.
Los Reyes Magos, que buscan y adoran al Rey del universo.
"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, llegaron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.» (...) Y la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que, llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. Al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra."
— Mateo 2, 1-2; 9-11
Los Magos emprendieron un largo viaje para adorar a Jesús.
¿Qué "viaje" o esfuerzo estoy dispuesto a hacer para acercarme más a Cristo en mi vida?
Al encontrar al Niño, los Magos se postraron y lo adoraron, ofreciendo sus dones.
¿Qué "oro" (pureza de corazón), "incienso" (oración) y "mirra" (sufrimientos o sacrificios) estoy dispuesto a ofrecerle a Jesús?
¿Cómo puedo manifestar mi adoración a Jesús no solo en la oración, sino también en mi vida diaria, en mi servicio a los demás y en mis elecciones en la vida?
La alegría de los Magos al ver la estrella fue "muy grande".
¿Me permito sentir y expresar el gozo de haber encontrado al Salvador?
Señor Jesús, Rey de reyes y Salvador nuestro, te adoramos con la fe sencilla de los pastores y la sabiduría de los Magos. Te damos gracias por llamarnos a tu presencia y por revelarte a todos los pueblos. Ayúdanos a ofrecerte no solo nuestros bienes, sino nuestro corazón entero, nuestra voluntad y nuestro amor. Que nuestra vida sea una constante adoración a Ti, que has venido a habitar entre nosotros. Amén.
Elegiré un momento del día para hacer un acto de adoración consciente a Jesús (puede ser ante el Sagrario, un pesebre, o en mi corazón) y le ofreceré un "don" personal (un vicio a corregir, una virtud a practicar, un tiempo de servicio).