Señor de la Vida, aquí estoy.
Traigo conmigo mis afanes, mis ruidos y también mis esperanzas.
Cierro los ojos para abrir los del corazón.
Respiro hondo, dejando que tu Espíritu calme mis tormentas.
Ayúdame a no ser un espectador de tu Pasión, sino un compañero de camino.
Que, al mirar tu rostro sufriente, aprenda a reconocerlo en el hermano que sufre, y que al mirar tu entrega, aprenda a entregarme.
Amén.
"Señor, pido la gracia de sentir dolor con Cristo doloroso, quebranto con Cristo quebrantado, y de conocer internamente la angustia que sufriste por mí, para que aprenda a acompañarte en mis hermanos que hoy atraviesan su propia noche y por mi angustia personal".
39 Enseguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.
40 Cuando llegaron, les dijo: «Oren, para no caer en la tentación».
41 Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:
42 «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
43 Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.
44 En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.
Cierra los ojos. Imagina la noche en Jerusalén; hace frío, hay luna llena.
Camina con Jesús y los discípulos cruzando el torrente Cedrón.
Entonan salmos tradicionales de Pascua.
Entran al huerto donde hay muchos olivos, algunos muy añosos y otros más tiernos.
Siente el olor a tierra húmeda y a olivo.
Mira la oscuridad del huerto, apenas iluminada por la pálida luna entre algo de bruma
Observa a Jesús alejándose unos metros.
El silencio es pesado, solo se escucha el viento entre las hojas y, a lo lejos, el rumor de la ciudad que duerme indiferente.
Ver las personas:
Mira a Jesús.
No está majestuoso; por un rato está encorvado, de rodillas, casi pegado al suelo.
Luego se incorpora y sigue de rodillas, pero mirando al cielo.
Mira su rostro, sus manos apretadas, el brillo del sudor en su frente.
Mira a los discípulos a lo lejos, vencidos por el sueño.
Oír lo que dicen:
Escucha la respiración agitada de Jesús.
Oye su voz entrecortada: "Padre, si quieres aleja de mi este cáliz".
Escucha el silencio de Dios en esa noche.
Está allí, Jesús lo siente, se comunica con la mirada y el corazón.
El Padre lo acompaña en silencio
¿Qué te dice ese silencio?
Mirar lo que hacen:
Observa el forcejeo interno.
Jesús no quiere morir, siente el instinto de supervivencia gritando en su cuerpo.
Presiente el sufrimiento que se viene.
Podría irse al desierto y luego volver a Galilea
Mira cómo, a pesar del miedo, no se levanta para huir, sino que se queda ahí, abrazando su realidad.
Ahora, trae esa escena a tu presente:
En lo Personal:
¿Cuál es tu Getsemaní hoy?
Ese rincón de tu vida donde sientes que la voluntad se te quiebra, donde tienes miedo al futuro o a una decisión que no puedes postergar más.
¿Cómo te sientes identificado con Jesús?
¿Qué "cáliz" estás tratando de evitar?
En lo Familiar:
¿En qué rostro de tu familia ves hoy esa angustia?
Quizás en el silencio de un hijo, en el cansancio de tu pareja o en la fragilidad de tus padres.
¿Quiénes? ... ¿O a lo mejor alguien de tu comunidad?
¿Estás "velando" con ellos o te has quedado dormido como los discípulos?
En lo Social:
Getsemaní es el lugar de los que no tienen voz.
Mira a tu comunidad, a los que viven en la incertidumbre del "pan de mañana" o bajo la amenaza de la violencia.
Jesús suda sangre por ellos.
Recuerda a los sin voz de tu ciudad, del país, del mundo
¿Cómo resuena en ti ese dolor social?
Habla con Jesús como un amigo habla con otro.
Si te sientes angustiado, cuéntale tu angustia; él ya sabe lo que es sentir que el cuerpo no puede más.
Si te sientes dormido, pídele que te despierte el corazón.
Escucha qué te dice él desde el huerto.
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.